Una píldora de desahogo de un ciudadano corriente y moliente ante la desidia y el despilfarro institucional

26 septiembre 2009

José Luis y Mariano. Como si fueran hermanos

¿Todavía hay gente que duda si PP y PSOE son el mismo perro con diferente collar? Don Escudier hace memoria de hechos consumados. Esa memoria que se evapora en cada una de las convocatorias electorales para muchos. Como si fueran peces, de manera misteriosa su retentiva pace en el limbo.
¡Qué casualidad que la memoria se conserve tan bien entre los partidos que no son mayoritarios!
Hombre. Se ve que a muchos les conviene ser olvidadizos para ver si trepan y les cae alguna que otra migaja o migajón. Un extra para llevar la cuesta de septiembre. Y las de los restante once meses. Olé...

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26-9-2009
El Confidencial
Sin Enmienda
Juan Carlos Escudier
Rajoy promete salvarnos si la conspiración le deja

Tras meses de angustiosa espera, Rajoy tuvo a bien revelarnos la pasada semana en entrevista con El Periódico su infalible receta para salir de la crisis. “¿Su plan?” le preguntó a bocajarro el periodista. “Haría algo parecido a lo que hicimos en 1996”, contestó, y el mundo respiró aliviado. No estamos ante un tema menor, que diría el propio Rajoy, porque en situaciones como la actual o se comparte el paraguas o se comparte la lluvia, y parecía que el líder del PP estaba dispuesto a que nos caláramos hasta los huesos. Desvelado el secreto, sabemos por fin que la mayor crisis a la que se ha enfrentado el mundo desde la Gran Depresión se resuelve en dos brochazos: bajada de impuestos y plan de austeridad de las administraciones públicas, incluida, claro está, la congelación salarial de los funcionarios. Así de simple y de sencillo. Ya lo decía Freud: “A veces un puro es solamente un puro”.


Sintético y todo, el mensaje es tranquilizador, porque nos habíamos hecho a la idea de que lo nuestro no tenía remedio y que Zapatero nos llevaba directo al corralito. En días sucesivos tuvimos un cuadro más perfilado de la tierra prometida. “Se puede salir de la crisis al tiempo que los demás, pero eso pasa por rectificar la política económica”, afirmó el sábado 19 en Hospitalet, y eso nos tranquilizó más aún. “Hay que decir la verdad, que las cosas no están bien pero las cosas se pueden poner bien, y además tenemos que trabajar para que se pongan bien”, recalcó el lunes 21 en un desayuno con periodistas, y eso nos siguió tranquilizando. Hubo que esperar al martes 22 para que, en animada charla con Ana Rosa Quintana en Telecinco, nos llegara la concreción definitiva: “Lo primero es crear empleo; me parece prioritario que haya mucha más gente trabajando”, afirmó. Estábamos ante la clave del arco. Por fin todo cobraba sentido.

Rajoy no rechazó de plano ninguna de las iniciativas del Gobierno

Y es que Rajoy nos tenía un poco desconcertados. Por sus críticas furibundas a la política económica del Gobierno y a cada una de sus “ocurrencias” suponíamos que el PP y su líder estaban en contra, ya que no se puede denunciar el derroche que incrementa el déficit y a su vez apoyarlo o encogerse de hombros. ¿Por qué entonces sus acciones en el Parlamento demostraban lo contrario? ¿Estábamos ante una maniobra de distracción digna de una estrategia o ante una nueva conspiración interplanetaria?

Remontémonos al cheque-bebé de 2.500 euros, que recibió toda suerte de improperios por parte de las huestes del gallego. ¿Se opuso el PP en el Parlamento? Pues no. Se abstuvo, presentó una iniciativa para elevar la cuantía a 3.000 euros y, finalmente, logró del resto de grupos que se sumaran a su propuesta de que las madres extranjeras con dos años de residencia tuvieran idéntico derecho a recibir la prestación. Podemos concluir entonces que el PP estaba de acuerdo con el cheque pero le parecía insuficiente.

Continuemos con la deducción de 400 euros, la oferta electoral con la que el PSOE contraprogramó a la promesa del PP de rebajar los impuestos, una reforma, por cierto, cuya disminución de ingresos para las arcas públicas se cifraba en más de 20.000 millones de euros. De la deducción no dejó de burlarse Rajoy, pero llegó al Congreso y pulso el botón de abstención, no sin antes encargar a Cristóbal Montoro que ideara un plan alternativo que consistía en una reducción de las cuotas de los trabajadores a la Seguridad Social a pagar por el Estado. Es decir, 7.000 millones de euros de coste, 2.000 más que la deducción de Zapatero.

Vayamos al grueso de las ayudas de la crisis, las dirigidas al sector financiero. La primera fue negociada con el PP y consistía esencialmente en poner 30.000 millones de euros para comprar en subasta activos bancarios. Según ha reconocido el propio Rajoy, apoyó la medida para evitar el colapso del sistema, aun sabiendo que aquello no dinamizaría el crédito. La segunda ha sido el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, otros 90.000 millones sobre la mesa por si acaso, que nuevamente fue respaldada con los votos del PP.

Entre tanto, surgió lo del Plan E, esa bonita manera de tirar el dinero del contribuyente, una medida más que, según explicó Rajoy, ahondaba en la “frustración” y en la decepción de las expectativas de los ciudadanos. ¿Se opuso? No, por supuesto. Primero se abstuvo y ahora ha pedido que 3.000 millones del plan se consoliden para que los ayuntamientos puedan pagar sus gastos. Otro tanto ocurrió con la financiación autonómica, otro derroche en tiempos de crisis, que contó con la abstención de todas las comunidades del PP antes de recoger la calderilla. Y con el nuevo subsidio a los parados, que el PP ha apoyado en el Parlamento después de poner al Gobierno de vuelta y media.

Porque sabemos que todo forma parte del propósito de una genial estratega, que si no urgiría que Rajoy explicara por qué no ha rechazado de plano ninguno de estos supuestos desvaríos del Gobierno, que, sumadas a las ingentes prestaciones por desempleo, son los que han conducido a las finanzas públicas a un desequilibrio del 10% del PIB. Menos mal que ya tenemos la receta mágica para arreglar el desaguisado, ese “haría algo parecido a lo que hicimos en 1996” que lo resuelve todo. Alguien tendría que tomar nota para que los del G-20 se enteren y, si pueden, no estaría de más que se quedaran en Pittsburg mientras llega Rato y les explica la fórmula de la Coca-Cola, que para eso fue el artífice del milagro.

Es meritorio que Rajoy haya sacado tiempo para darnos esperanzas

La interminable espera que hemos soportado hasta conocer este infalible plan anticrisis es disculpable, ya que el gallego ha estado distraído tapando agujeros en su partido y repartiendo mascarillas para soportar los malos olores que llegan de Valencia, Baleares y hasta de Madrid. Y eso, sin contar con los espionajes y las conspiraciones que soporta este hombre, la última de Rubalcaba, quien para amargarle la vida ha ordenado a la Brigada Policial de Blanqueo un informe de 100 folios en el que se viene a probar la financiación ilegal del partido con pelos y señales, con todos los detalles de la operativa contable, y hasta con los nombres y apellidos de los empresarios que le pagaban la fiesta a ese señor tan elegante llamado Camps. Lo ha dicho Ricardo Costa, al que se atribuye parte de la ingeniería de esta nueva Filesa, tan cutre como la anterior: “Se trata de un montaje realizado a instancias del ministro del Interior”. Más trabajo para la pobre Soraya, que a este paso no va a terminar nunca su informe sobre persecuciones al PP y otros delirios.

Con todo en contra, es meritorio que Rajoy haya sacado tiempo para darnos esperanza en el futuro. Hay que ser austeros y recortar gastos, y ya se nos dirá de dónde, si de los parados o los pensionistas; no hay que subir impuestos, sino bajarlos; hay que poder despedir más barato, pero eso no hay que decirlo por si se pierden votos; y, sobre todo, hay que adelantar las elecciones para echar a Zapatero. Rajoy está preparado para ventilar al país, aunque no sea capaz de abrir las ventanas de su partido y barrer sus inmundicias. No se puede estar a todo.