Una píldora de desahogo de un ciudadano corriente y moliente ante la desidia y el despilfarro institucional

21 julio 2006

Si la hay la ensanchamos. Y si no existe la ponemos.


Esto ha sucedido (me imagino que sin nocturnidad al menos) en la calle Larratundu de Ocharcoaga. Se suprimen de esta manera una decena de plazas de aparcamiento. Asi que ya sabes... El consistorio bilbaíno siempre desviviéndose por sus habitantes, les brinda la oportunidad de solicitar una plaza de aparcamiento en sus garajes subterráneos. A un precio popular. Licencia para muchas décadas con una cuota simbólica. Y si como se informaba hace poco un tercio de las familias vascas no llega a fin de mes, pues deja estacionado el coche (ese bien tan superfluo y lujoso ya que no lo necesitas y te sale tan caro de mantener) en el monte. No me digas que no es una situación bucólica. No se puede rechazar una oferta tan en comunión con la naturaleza. Eso si. Que tengas que andar cuesta arriba más de un kilómetro haga el tiempo que haga, que allá perdido sea pasto de malhechores o que ya en el éxtasis de la normativa municipal te pongan una multa son hechos que no se promocionan desde este nunca suficientemente valorado ayuntamiento.
En la foto podéis disfrutar de la vista de la hermosa acera. Bolardos incluidos, faltaría más...

2 comentarios:

evaristo dijo...

Y digo yo...por lo que se ve, el nunca suficientemente bien ponderado Liberalísimo de la Villa, además de a los conductores profesionales o todos los que tienen que usar el coche obligatoriamente por trabajo, tiene en "muy alta estima" a los discapacitados. Con tanto bolardo, un invidente, por ejemplo, tiene cada vez más obstáculos para circular...

Marbella está más cerca de lo que creemos, jejeje.

Krollian dijo...

Los bolardos aparte de impedir el estacionamiento exigen cierta pericia por parte del aguerrido conductor/a ya que algunos por su diseño de fino pirulí casi invisible, o de esferón que no supera el medio metro acaban siendo motivo de destrozo y desarreglos varios en los bajos del vehículo.
A mi y a mi compi nos paso en San Lorenzo del Escorial.
Llegamos de noche y al maniobrar para estacionar en una zona que no brillaba (y nunca mejor dicho) por su razonable y suficiente iluminación, pues nos comimos con el parachoques trasero un bolardo de esos de esfera bajitos. Gracias a la visibilidad del lugar en cuanto a iluminación y la discreta ubicación y diseño del bolardo al ir marcha atrás ¡catacroc! Total que la esquina inferior trasera izquierda luce desde entonces unas grietas de lo más artístico.