
El peligro es evidente. Que un pie se destroce, una caída contra el suelo, o el bordillo de la acera y de rebote hacia la carretera y que pase justo en ese momento un coche...
En fin, mes y medio y ni se ha repuesto el bolardo ni se ha serrado la varilla roscada ¡enhorabuena!
Cuando ocurra la desgracia de turno lo arreglarán a toda prisa como suele suceder.
No hay comentarios:
Publicar un comentario